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¿POR QUÉ LA ENCARNACIÓN DE JESÚS FUE NECESARIA?

Por Giancarlos Ventura


El apóstol Juan, en su Evangelio, expresó una doctrina fundamental del cristianismo: “la Palabra se hizo carne” (Juan 1.14). Es decir, que la Segunda Persona de la Trinidad, Dios Hijo, se hizo hombre, sin dejar de ser Dios. Pero, ¿por qué fue necesaria su encarnación? Aquí brindaré algunos motivos de la necesaria encarnación de Jesús.

Porque fue destinada desde antes de la fundación de mundo. El plan de Dios de que Jesús viniera a rescatar a su pueblo de sus pecados, estuvo establecido desde antes de la fundación del mundo. Por tanto, su encarnación estuvo determinada en la eternidad pasada y se manifestó en el tiempo. A esto se conoce como el “plan redentor” y lo vemos desde el Edén pasando por la ley, los profetas, y los Salmos hasta llegar a su cumplimiento en Jesús. Leer: Mateo 1.21; Efesios 1.3 – 10; 1Pedro 1.20; Génesis 3.15; Lucas 24.44; cf. Gálatas 3.16; 4.4.

Porque es el representante humano de todo su pueblo redimido. Adán es el representante de toda la humanidad y cuando él desobedeció al mandato de Dios, todos fuimos considerados pecadores. Sin embargo, este “primer Adán” no tenía un fin en sí mismo, sino que apuntaba al “postrer Adán”, es decir a Jesús, como el representante humano de todo su pueblo. Jesús cumplió su labor asignada en cada punto donde falló el primer Adán, y esto para redimir a su pueblo de sus pecados. Leer: Génesis 2.16; 3.1 – 6; Romanos 5:12-21; 1Corintios 15. 45 – 47; Efesios 1.22, 23; cf. Colosenses 1.24.

Porque el hombre debía gobernar y sojuzgar la tierra. Moisés, al escribir Génesis muestra que Dios estaba creando su Reino en la tierra, por eso crea al hombre a su “imagen y semejanza”, otorgándole la responsabilidad de gobernar y sojuzgar la tierra. Pero Adán pecó y no cumplió con el mandato. No obstante, una vez más, todo apuntaba al “postrer Adán”; cuando el Hijo de Dios se encarnó y obedeció al Padre, adquirió el derecho de gobernar y sojuzgar la tierra, cumpliendo el propósito del hombre, siendo exaltado como el primogénito de toda la creación. Leer: Génesis 1,2; Mateo 28.18; Hebreo 2.7 – 9, Colosenses 1:14-16.

Porque es el mediador del Nuevo Pacto. En el Antiguo Pacto, la figura del mediador humano se escondía a través de los oficios de profetas, sacerdotes y reyes. En el nuevo pacto quien cumplió la labor del perfecto y único mediador, entre Dios y el hombre, fue Jesucristo hombre. Él es el mejor profeta, el perfecto sumo sacerdote y el único Rey, que obra como mediador, garantizando un mejor pacto por su muerte. Leer: Deuteronomio 18:18-22; cf. Isaías 1.2 – 20; Éxodo 28.30; cf. Levítico 8.8; 1Crónicas 21; 1Timoteo 2.5; Hebreos 8.6; 9.15; 12.24; 1Corintios 1.30; Hebreos 7.22, 27.

Porque es el estándar de la verdadera humanidad.

Para tener un conocimiento exacto del ser humano debemos recurrir a la persona de Jesús; pues, aunque fue tentado en todo como hombre, no conoció pecado. Aunque la humanidad pecadora mantiene la imagen de Dios, pero distorsionada e imperfecta, en Jesús se refleja la imagen de Dios perfecta. Por eso para todo cristiano, Él es nuestro ejemplo máximo de santidad y también nuestra esperanza de ser conformados a su imagen. Leer: 2Corintios 5.21; Juan 8.46; 1Pedro 2.21; 1Corintios 15.49.

Porque quiso habitar entre nosotros. Desde la eternidad, Dios determinó habitar con su pueblo para siempre, y así lo evidenció en el Jardín del Edén con Adán y Eva, pero, pecaron y fueron expulsados de su presencia. Sin embargo, antes de su expulsión, Dios prometió restaurar la comunión con su pueblo por medio de la simiente de la mujer. Esta promesa se desarrolló progresivamente en el arca, el tabernáculo y el templo, teniendo su cumplimiento en la encarnación de Jesús, pues, Jesús habitó o hizo su “tabernáculo” entre nosotros, manifestando la voluntad del Padre de morar con su pueblo, pues, Él es la imagen del Padre. Leer: Génesis 3.15; Gálatas 3.16; Juan 1.14, 18. Estos son algunos motivos que manifiestan la total importancia de la encarnación de Jesús como una gran verdad de la fe cristiana. Es recurrente olvidar u opacar la humanidad de Cristo por dar énfasis en su Divinidad. Sin embargo, ambas verdades son tan importantes y básicas del cristianismo verdadero, porque todo aquel que niega que Jesús no vino en carne es anticristo, mentiroso y no es de Dios (leer 1Juan). La humanidad de Cristo es tan ciertísima como su Divinidad.






 
 
 

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