Los estudios patrísticos y su importancia
- Rincón Teológico
- 24 nov 2021
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Dr. Jesús Zamora
Antes que los reformadores protestantes, muchos siglos antes, existieron un grupo de autores cristianos, que tal como los reformadores, fueron claves en el desarrollo de la teología y doctrina cristiana que hoy creemos y afirmamos tales como: la Trinidad, la divinidad de Jesucristo, su doble naturaleza, la divinidad del Espíritu Santo entre otras. Estos autores cristianos fueron y son conocidos como los Padres de la Iglesia. Estos autores cristianos vivieron entre el siglo II y el siglo VIII D.C. y se caracterizaban por su testimonio de santidad, ortodoxia, popularidad y antigüedad. Así podemos señalar sólo por indicar unos cuantos, entre el basto número, a autores como: Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Cipriano de Cartago, Atanasio de Alejandría, Ambrosio de Milán, los Padres capadocios y San Agustín.
Los Padres, como ya avisamos, fueron fundamentales en la formación del dogma cristiano general. Varios ejemplos se podrían indicar al respecto, si bien es destacable la doctrina de la Unión Hipostática, y no cabe duda de que los Padres de habla latina fueron clave en su desarrollo a partir de las Escrituras. Pero, la influencia de los Padres de la Iglesia no sólo se remite a temas de carácter dogmático sancionado universalmente por la Iglesia, sino también a temas que no todos los cristianos comparten como la doctrina de la predestinación de San Agustín, ¿Quién podría negar como Juan Calvino, e incluso una parte considerable de los cristianos evangélicos actuales, siguen en mayor o menor medida la doctrina agustiniana? Ahora bien, si los Padres han jugado un papel tan importante en la fe y doctrina de la Iglesia, cabría hacernos la siguiente pregunta autorreflexiva, ¿Por qué no se toma de manera relevante el estudio de los Padres de la Iglesia en la mayoría de las instituciones evangélicas de estudio superior? Esto tiene muchas causas. Pero principalmente se debe, en mi opinión, a dos razones dentro del mundo teológico hispano de ambos lados del charco. Primero, los Padres de la Iglesia están asociados con el cristianismo católico romano. Los evangélicos rechazan casi como una seña de identidad todo lo que huele a católico romano; y los Padres, en la mala concepción del pueblo evangélico, huelen demasiado a ellos. Segundo, la eclesiología individualista evangélica, en la cual el individuo y su relación con Dios es más importante que la relación entre Dios y su comunidad, es otra de las causas de porque la teología patrística no es tomada en cuenta (como también muchos otros tipos de teología). ¿Qué importa lo que dice Atanasio de Alejandría sobre la encarnación, cuando el Espíritu me lo revela directamente a través de la lectura de la Biblia?
Después de comentar sobre las razones por las cuales no se estudia el pensamiento de los Padres en los círculos académicos, me gustaría dar tres razones para estudiar la teología patrística.
La primera de ellas ya se ha esbozado, es decir, que son necesarios para entender la teología dogmática cristiana: el dogma trinitario, el cristológico, el pneumatológico. La literatura patrística se encuentra desbordada de libros sobre estas doctrinas sancionadas por la Iglesia. La segunda razón es muy similar a la primera: Dios ha colocado maestros a lo largo de la historia de la Iglesia. Los Padres son en este sentido en gran parte de las ocasiones buenos maestros. La tercera, el estudio y entendimiento de la teología patrística nos conecta históricamente con la Iglesia Antigua; y nos ayuda a librarnos de varios tipos de sectarismos. La Iglesia no nació ayer, ni con la fundación de tu Iglesia local, sino que tiene dos mil años asentada sobre Cristo, la Roca, a través de sus apóstoles.
Los Padres de la Iglesia son herederos directos de esa rica tradición cristiana dejada por los discípulos directos de Cristo. La cuarta razón, el estudio de la teología patrística es parte de nuestra propia tradición protestante. Los primeros reformadores citarón a los Padres de la Iglesia en gran medida. Tal es la medida de la citación que la primera confesión protestante, la Augsburgo de 1530, citó en varias ocasiones a San Agustín (III,XX, XXII, XXIII) a Juan Crisóstomo (XXIV, XXV) o incluso el Credo Niceno (I, XXIV).
En conclusión, el estudio de los Padres de la Iglesia resulta de suma importancia y beneficioso para el pueblo evangélico y este, como se ha visto en esta breve reflexión, tiene buenas razones para estudiar su teología.




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